domingo, 12 de mayo de 2013

Quizás, una mentira.


Como agua que cae en la madrugada de la más fría noche. Como viento que sopla en una casa abandonada. Al igual que el fuego deja de arder y su única huella son cenizas. Nada.

El partir y llegar; redimirse y encontrar… ¿qué pasará?

Sábanas limpias manchadas con la sola presencia de tu simple recuerdo. Oxígeno que se esfuma por culpa de la primavera. Música que inunda la mente, que intenta a golpes quitarte del espacio que ocupaste pero que, tras horas, sigue en lo alto del ring en busca del 8º round. Si planteamos el momento, si describimos todo lo que en estos momentos oprime la existencia ¿de qué nos servirá?

Corriendo, siempre corriendo; porque algo se nos escapó, porque llegamos tarde o queremos avanzar muy rápido, quizás huimos o quizás encontramos algo… ¿por qué no paramos? Sentémonos, veamos como el tiempo baila ante nosotros, como todo sigue un ritmo que se escapa a nuestro alcance, analicemos como las decisiones provocan una consecuencia notable y el destino, en ese momento, se sienta a nuestro lado, posa su mano en nuestra pierna a la altura de la rodilla, nos da dos palmadas, mira directamente a los ojos y nos da un respiro. Sintamos como si algo nos invadiera por dentro o como si nos quitáramos un trasatlántico de la espalda. Respiremos, sonriamos a la incertidumbre.

Ahora sí, caminemos, sin velocidades, agobios o estrés. Observemos el paisaje desde un punto de vista externo, como si todo lo que nos rodea no fuera con nosotros, como si estuviéramos dando un paseo por un camino y observáramos el alrededor.

Después de esto ¿qué te oprimía? ¿qué estábamos hablando?

Esto ya no es prosa, ni es poesía; esto es solo un texto, un fragmento... quizás, una mentira.